MIRAR BONITO

Una mañana, María se despertó y miró con ternura a José. Llevaban tantos años juntos que despertar a su lado se había convertido en rutina. Ella era más madrugadora y se movía despacio para no despertarlo.

Esa mañana, al abrir los ojos, María se fijó en el dormir plácido de su marido.

—Como un bebé —se dijo.

Por la ventana asomaba un rayo de sol. Miró a su alrededor y se reconoció en la alcoba. Agradeció el sueño tranquilo, pegada a él, y el día que la esperaba. Era su rutina y había aprendido a mirarla bonito. Cada cosa tenía sentido, porque la había creado desde el amor, y se reconocía en cada decisión tomada.

Con los años, María descubrió que todo lo que había en su corazón era solo suyo: el miedo, los malos rollos, el despecho... Todo era suyo. Y decidió limpiar. Se quedó con el amor, con la compasión, con el no juzgar, con el mirar limpio.

Como bien dice José:

—Cada uno tiene su propia historia. Es en la forma en que la miras que te afecta de una manera u otra.

Mirar con amabilidad puede abrir muchos corazones, pero, sobre todo, sana el nuestro. Eso es lo que María practica.

Había aprendido a quererse, a vivir y a disfrutar desde la aceptación; a darle luz a sus lados oscuros y a ver la belleza en todo lo que la rodeaba. Le gustaba estar con la gente, sin más. Con quienes la miran con amor, dejándola ser. Disfruta de la soledad. Se escucha y se analiza. Todo en ella ha de estar bien, y se mira con ternura, consciente de sus limitaciones, agradecida porque ellas le hacen aprender.

Aprender a mirar con amabilidad, según dice María, es ver la vida con cristales de colores. Si los cristales son negros, siempre la verás en negro. Entender desde la calma que el negro también existe, y estar preparada para vivir consciente el momento y lo que la vida trae. Lo demás son memorias o expectativas, y hemos de vivirlas como tales.

María está segura de que, si cambiamos la mirada, podemos cambiar el mundo —al menos el nuestro— y sueña con que ver amanecer y vivir en paz sea un propósito que nos salve.

María.



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